Muchas veces se hacen daño. Muchas veces desean no conocer a la otra. Pero, ¿Y? Bari y Souf no son hermanas de nacimiento. Sin embargo, nacieron para serlo. Lo tienen muy presente. Estas dos chicas que se enfadan simplemente porque... La otra no use el apodo correcto a su nombre real. Les da igual todo. Porque se necesitan para afrontar todo lo que se les viene encima. Bueno. Y malo. Simplemente, son iguales.
miércoles, 27 de junio de 2012
3.
"I like you so much, and that is a big problem, babe."
―Me vas… A decir que tienes diecinueve años. No te creo.―Dije a James. A las palabras les costaba salir de mi boca; y creo, era culpa de las seis o siete copas que llevaba ya. No debería haber bebido tanto.
―Los tengo.―Sonrió de una manera adorable. Aun sabiendo que él había bebido lo mismo que yo, se le veía totalmente cuerdo. Totalmente lúcido.
Mostré mis dientes en un intento de sonrisa.
―Estás bueno.
Mierda. Rió sonoramente, y, aunque la música seguía todo volumen, le escuché perfectamente. Me hizo daño en los oídos… Aunque a la vez, esa risa. Esa risa que había escuchado tantas veces en las últimas dos horas. Era perfecta.
―Lo siento.―Cogí de mala manera una extensa bocanada de aire―. No estoy acostumbrada a beber.
Me acomodé en el sillón y él me siguió observando.
―Souf.
―Dime.
― ¿Qué va a pasar ahora?
La pregunta me cogió desprevenida no, lo siguiente. Se supone que un tío no se para a pensar en qué pasará después una noche en una discoteca. No es normal.
― ¿Qué?―Pude responder al final.
―Digo… ―Volteó la mirada a otro lado de la sala. Se le veía incómodo―. Verás, me gustas. Y no quiero que esto quede como un simple ligue de una noche. Quiero conocerte.
Muerta. Muerta. Muerta. Muerta. ¡Qué caballero! ¡Qué adorable! ¿Dije que morí allí mismo?
―No entraba en mis planes el acostarme contigo y después dejarte tirado con una nota.―Intenté sonar sarcástica. Funcionó. Otra vez esa risa pobló mis oídos.
―Creo que yo tampoco había pensado eso.
Intercambiamos una nueva sonrisa. Si alguien me pregunta, no tengo respuesta posible. Si alguien se extraña por lo que voy a hacer ahora, no tengo explicación. Lo único que sé es que cuanto más cerca estaba de ese chico rubio, el corazón me latía más rápido. Y ese vació que llevaba sintiendo ese par de años, desaparecía. Por eso mismo, reduje el espacio entre nosotros y; dado que a él no pareció importarle, acabé apoyando mis labios contra los suyos. Me agarró por los hombros y empezó a acariciarlos, e intensifiqué el beso. Ahora mismo la música me importaba una mierda. Ese dolor que llevaba arrastrando dos años se fue por una milésima, y sentí poco a poco como su aliento entraba por mi boca, y se apoderaba de mi garganta, haciéndola vibrar. Solo me separé, cuando no pude respirar más.
― ¡Vosotros! ¡Los de ahí!―Esa voz…
Me di la vuelta sin mirar de nuevo a James, y ahí la vi.
―Souf, nos vamos. Estoy muerta, y estos tacones me están matando.
Chris estaba detrás de mi amiga, con cara de resignación. A ver quien la detiene ahora. Le hice un gesto que entendió a la perfección. Pero la disimulación no es su punto fuerte.
―Vale, pues ya quedaréis otro día tortolitos.
Me resigno yo ahora también.
―Dame tu móvil.―Le dije de nuevo a James, que, por cierto, no entendía nada.
―Voy.
Me tendió su IPhone y lo agarré fuerte. Las manos me temblaban. Seguía sintiendo su aliento por mis cuerdas vocales. Aunque, la verdad, no me molestaba en absoluto.
Apunté mi número de teléfono, con mi nombre al lado.
―Llámame.
―No lo dudes.
―Que no se te olvide.
―No lo haré.
Y otra vez esa manera de hacer que mis rodillas flaqueasen. Esos dientes. Le di un beso en la mejilla, y agarré a Bari del brazo, haciéndole un gesto a Chris para que nos siguiera fuera de la disco. Salimos, y nos montamos en el coche. Ella estaba a punto de sentarse en el asiento del copiloto.
Ni de coña.
La obligué a ponerse al lado mío, en los traseros.
― ¿Qué ha pasado ahí dentro? ―Preguntó.
Resoplé.
―He conocido a la mejor persona de este mundo.
―Si claro, en tres horas. Tiene sentido.
―Puta.
―Ya… Pero me quieres. Bueno, ¿Cómo era eso? ¿Ya tenéis fecha para la boda?
Aparté mi mirada de la ventana, para intimidar a mi querida –pero desesperante- hermanita.
― ¿Qué?
― ¿En serio lo preguntas? Já, tu sensibilidad es igual a cero.
―Pero eso ya lo sabes, cariño.
―Sí, lo sé. Pero podrías intentar entender un poco.
Puso los ojos en blanco.
―Está bien. Lo siento, ¿Vale? Cuéntame.
―No, ahora ya no te cuento nada.
―Venga ya, cielo. El día que no peleemos…
―Está bien, ¡Te lo cuento! ¡No insistas más! ―Sonreí falsamente.
Estallamos a carcajadas. Okay, otra “discusión” zanjada.
―Venga, venga. ¡Empieza! Hubo sexo, ¿O NO HUBO SEXO?
―Estás mal de la cabeza.
―Puede ser. Pero por lo que vi, ese rubito te estaba comiendo con la mirada. Y tú a él. No entiendo que más necesitabas para… Bueno... Ya sabes…
―Guarra.
―Sí, ya. Cuenta. Que pasó.
―Le besé.
― ¡Whoaaa! ¡Llamemos a la policía! ¡Has besado a ese bombón!―Levanté la ceja en forma de queja―. Está bien. De acuerdo. Perdón. Prosigue, milady.
―El caso es que… Bueno, creo que me he enamorado de él.
― ¿Tan pronto? ¿Sin ni siquiera verlo sin camiseta?
Fuera. Era un caso perdido. Reí. Ya le contaría más adelante cuando quedara con él. Y haya… Algo más. Con suerte. Pero quiero verle. Ya.
Lo que no sabía, era en el puto problema en el que me metía. Porque James no era el único que revoloteaba por ahí. Sin embargo, si era el único que me hacía volar.
Pues eso, problema.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario