miércoles, 25 de julio de 2012

7.



“Gonna live everything I lost one day”

―Gracias por todo, Bari.
―No sé por qué las das; esto es así. Cuando estás mal, estoy aquí. Cuando estoy mal…
―…estoy aquí.―Terminé la frase.
―Exacto. Así funciona la dinámica―Sonrió, mostrando unos dientes perfectamente blancos.
Le di un último abrazo y salí de su casa. Ya había oscurecido, corrí hacia la parada de autobús. Aquella noche de verano amenazaba con acabar en tormenta. No recuerdo si cuando subí o si cuando estaba esperando al automóvil pasó, pero de un momento, la noche se puse más oscura aún, y unas gotitas empezaron a rozar mis mejillas. Pero no era lluvia.
Creí que todas las lágrimas las había soltado ya, parecía que estaba equivocada. Llegó el número diecisiete y subí. Elegí el asiento del fondo, así nadie se subiría a mi lado. Por la noche, la gente no se arriesga. Saco el IPod del bolso y pego casi con pegamento los cascos a mis oídos. Subo el volumen lo más que puedo y busco entre todas las opciones que tengo. En estos momentos cualquiera elegiría una canción que anime, pero como yo soy más rara que un simple cualquiera, escojo la primera que se me pasa por la cabeza. Mala opción; ya que “Until you´re mine” de Demi es un tanto desacorde con la situación. Aun así, lo vuelvo a guardar y la sigo escuchando, es ella. Da igual que canción sea, es ella.
Saco el teléfono y respondo a Jake.

“Estos días no puedo, mi padre está empeñado en que lea una serie de libros para el colegio, para el año que viene. Te aviso cuando me suelte. Un beso príncipe.”

Cuento cinco respiraciones hasta que me contesta. Es una carita triste. Lo siento de veras, porque me apetece verle. Pero quizá lo mejor es alejarme de los chicos por una temporada.
Llego a mi parada, y bajo del autobús. Paso por el pequeño caminito del jardincito que tenemos en casa. Saco las llaves y entro. Espero que, o mi padre no esté o que esté dormido ya. Encuentro a mi hermano viendo la televisión y la cara que pone me asusta, me hace gracia. Hasta que me doy cuenta a que se refiere. Me doy la vuelta.
Mi padre acaba de salir de su escritorio y lo tengo frente a mí.
―Son más de las doce de la noche.
―Lo siento.
Bajo la mirada. Por favor que no se ponga a gritar. Con el día que llevo, las lágrimas se escaparían de mis ojos a la primera reprimenda.
―No me sirve.―Me escudriña con la mirada y tengo miedo de que alce la voz. Sístole, diástole. Casi puedo escuchar como mi corazón retumba. Demasiadas emociones en un mismo día. Para mi sorpresa, él solo responde algo en tono monótono. Supongo que también está algo cansado. Negociar con petróleo tiene que ser jodido. Más con tanto estrés―.Sube a tu cuarto, que no se repita.
Asentí y subí las escaleras. Cierro la puerta con pestillo y agarro la camiseta del armario. Esa ancha con un enorme gato negro en el centro. Sin coger el ordenador, ni la BlackBerry, ni el IPod, ni absolutamente nada, me meto en la cama y cierro los ojos.
Demasiado por hoy, mañana será un nuevo día.

**

― ¿Vas a comer magdalenas?―Pregunta mi hermano.
―Ya sabes la respuesta.―Me giro y entrecierro los ojos.
Encoge los hombros a modo de indiferencia y moja la suya en aquella leche que compramos siempre.
― ¿Está papá o se ha ido ya?
―Se ha ido―Daniel no me mira a los ojos. Contesta agarrando el mando de la televisión y pone una serie a la que se enganchó en cuanto llegamos a Inglaterra.
―Que putada.―Susurro.
Levanta las cejas.
―Es normal en él, ya sabes.
―Sí…―Me detengo un segundo―. ¿Qué vas a hacer hoy?
―Papá me ha dicho que puedo ir a casa de Marcus.
―Ajám.
― ¿Y tú?
―No tengo absolutamente nada que hacer.
Voy hacia el sofá y me tumbo.
―Pringada―Oigo que dice detrás del inmueble, mientras que se mete otro trozo de bollo en la boca.
―Vete a la mierda, enano.
―Tengo doce años.
― ¿Y sabes qué? ―Le digo sarcástica, asomando la cabeza por encima del sofá.
― ¿Qué?―Pregunta curioso. Inocente.
―Que me da igual.
La sonrisa desaparece de mi cara y me vuelvo a tumbar. Él resopla pero, por suerte, no vuelve a decir palabra.
Me concentro en aquella serie. Una niña estúpida se pone a llorar porque su presunto novio le hace caso omiso. A mi parecer, se arrastra como una lombriz. En fin, esto es lo que son las series de niños hoy en día. Si mi hermano supiera lo que era Disney Channel cuando yo era pequeña…
El móvil comienza a sonar y salgo disparada a la mesa de la entrada, donde lo dejé al levantarme.
― ¿Sí?
―Hola―Esa voz resonó a través del auricular. Ese acento irlandés tan sumamente marcado. No le he preguntado… Si hay próxima vez, le voy a interrogar a preguntas sobre su familia. Quiero saber de que parte de Irlanda es.
Joder. Ya se me había olvidado. Aunque había tenido una idea por lo que soñé esta noche. Se merecía un perdón.
―Hola James. ―Respiro―. Respecto a lo de ayer, quería pedirte perdón… Yo… No quiero que me malinterpretes y…
―No hay que disculparse. Quizá no debí invitarte a comer tan pronto.
― ¡No! ―Cuento una respiración― Yo quería salir contigo. Quiero… Espera.
Me doy cuenta que estoy al lado de donde está la cocina y el salón, no me apetece que mi hermanito querido me escuche. Subo corriendo las escaleras, me encierro en mi habitación.
―Yo quiero salir contigo. Me gustas mucho James. ―Suelto.
Me tapo la boca. ¿Cómo lo digo tan a la ligera?
―Y tú a mí. Pero entonces… ¿Por qué saliste corriendo?
―Fui una maleducada.
―Eso da igual―Noto como sonríe a través del móvil―. Lo que importa ahora es que algo de curiosidad tengo, si es que no te importa que pregunte. Me intrigas, Souf. Nunca he salido con nadie así.
― ¿Que te parece si te lo explico… Hoy por la tarde? ¿A las seis en el Fruit Juices?
―Claro. Allí mismo estaré.
―Y yo no saldré corriendo.
―Esta vez te voy a agarrar con los brazos para que no lo hagas…. Muy fuerte―Susurra.
Sonreí como una idiota.
―Nos vemos, te estimo. ―Dijo.
Iba a colgar, pero me algo me detuvo. ¿Qué era eso?
― ¿Te estimo?
―Verás, es que no puedo decirte te quiero hasta que no te conozco mejor, sería un aprovechado. Tampoco te puedo decir te quiero si no me correspondes un beso. Sería mal por mi parte. Además, puede molestarte.
Volví a sonreír. Creo que está entre tierno y absurdamente considerado.
Te estimo―Solté una carcajada―Nos vemos.
Colgué. Nada más hacerlo, me agaché a coger mi diario antiguo y rompí las páginas en las que prometía aquella estupidez. ¿Iba a dejar de querer al mejor chico que se me cruza en años, por una idiotez? No.
Ahora sí, bajé a la cocina mientras terminaba de estrujar y de paso borrar de mi corazón aquellas palabras.
Lo tiré a la papelera.
Demasiado tiempo sintiéndome vacía, ahora que le tengo, iba a disfrutarlo.

Sin embargo, la vida no es un cuento de hadas. Y no tenía ni puñetera idea de que quererle, iba a ser difícil en un tiempo.