Muchas veces se hacen daño. Muchas veces desean no conocer a la otra. Pero, ¿Y? Bari y Souf no son hermanas de nacimiento. Sin embargo, nacieron para serlo. Lo tienen muy presente. Estas dos chicas que se enfadan simplemente porque... La otra no use el apodo correcto a su nombre real. Les da igual todo. Porque se necesitan para afrontar todo lo que se les viene encima. Bueno. Y malo. Simplemente, son iguales.
martes, 17 de julio de 2012
6.
“Sometimes, is just HER.”
―Esto está buenísimo.―Dije. Y la verdad, me quedaba corta. Aquellos Gnocchi no podrían ser más ricos―. Me encantan, en serio.
―Me alegro mucho. Estos espaguetis al Pomodoro también lo están. No quiero fardar pero…―Hizo un gesto triunfal―. Te lo dije.―Se quitó las gafas y se las colocó en la cabeza. Después guiñó un ojos. Y acto seguido mi corazón dio un vuelco.
Me levanté de la silla y sobre la mesa me levanté a besarle, y mientras que sentía el sabor de sus labios pegados a los míos, la culpabilidad por romper mi promesa aumentaba. Cada vez más. Y me empezó a oprimir el pecho. Me observé a mí misma escribiéndola lentamente, con lágrimas en los ojos y con un dolor impresionante.
Me separé bruscamente de él. Y entonces si que comencé a llorar. No podía parar. Se levantó para abrazarme, pero me aparté de nuevo. Me di la vuelta y agarré mi bolso. Saqué el dinero que había traído y lo dejé en la mesa. No era mucho, pero ayudaba. Me había quedado sin hambre. Todavía del revés, sin mirarle a los ojos, sin mirarle a la cara; le solté un par de palabras de las que, estaba segura, me arrepentiría después.
―No puedo. Esto no es para… mí. Busca a alguien mejor. No soy buena para esto.―Me limpié la cara y ahora sí le miré a los ojos. Se me cayó el mundo a los pies, no podía dejar de llorar―.Lo siento.
Le di un último beso fugaz en una de sus mejillas y agarré su mano, para que acariciara la mía.
―Lo siento.―Volví a añadir.
Salí corriendo. Más y más rápido. Aunque estaba segura que ya no me alcanzaría, seguía acelerando la marcha. ¿Qué estaba sucediendo? Eso era una estúpida promesa de críos. Que se suponía, ¿Qué iba a cumplirla hasta ser una vieja con veinticinco gatos? ¿QUÉ ESTABA HACIENDO? Yo le quería.
No entiendo que pasa.
Estaba dispuesto a empezar algo conmigo, él mismo lo había dicho: “Esto podría ser el principio de todo”
Y, sin embargo, yo había salido corriendo como una niña asustada a la que le acaba de explotar en toda la cara un globo enorme, un payaso de feria. Desde luego, parecía estúpida. Era increíble que todavía no se me hubieran gastado las lágrimas. Era raramente increíble. No sabía a donde estaba yendo, así que saqué el móvil. Un SMS nuevo. De puta madre. ¿Quién sería ahora? Era un número desconocido.
“Estimada señorita, espero que el rubio no la haya conseguido cazar, ya que rezo para una buena cena contigo. Contéstame lo antes posible, ¿Vale? Quiero verte. Atentamente, el chico de la barra. PD: Quizá podemos tomar otro Red Bull con algún licor y así me repites eso de que eres mayor de edad.xx”
Ahora sí que aumentó mi llanto. Pude ver un pequeño parte a un lado y me senté en la banca más alejada. Recogí las rodillas, y empecé a contar mis respiraciones.
Una, dos, tres.
Cuatro, cinco, seis.
Escondí la cabeza en mis piernas y puse mis brazos alrededor de ellas.
¿Qué era eso que había sentido en cuanto Jake me había mandado aquel mensaje? De nuevo mi corazón había palpitado. Aunque no era comparable por lo que había sentido minutos atrás con James, Jake también me causaba… Paz. Eso era. Ahí estaba la respuesta.
Llevaba meses esperando algo. Cualquier cosa. Llevaba meses sintiendo un intenso vacío dentro y, con ellos dos, algo había cambiado. Cada uno de ayudaba a su manera. Pero no podía estar con ninguno de los dos. Con James: porque ya estaba lo suficientemente enamorada de él como para más. Con Jake: porque cabía la posibilidad de que algo sucediera. No iba a responder a ese mensaje. Por lo menos no ahora. En cambio, si iba a enviar uno.
“¿Podemos vernos? Te necesito sis.”
Dos segundos, tres, cuatro, cinco.
“Claro. Ven a mi casa. Mis padres no están por la labor de dejarme salir… No creo que digan nada si vienes. Eres de la familia. Corre. Me muerde la curiosidad, y ya intuía que algo pasaba, la verdad.”
Dos segundos, tres, cuatro. Mi IPhone retumbaba a cada letra que escribía, era como si todo me pesara enormemente en ese mismo instante.
“Eres la mejor. Voy para allá.”
“Aquí te espero, no pienso moverme.”
Agarré mi bolso y salí de aquel parque, ahora más calmada. Me limpié los restos de rímel y guardé el móvil en mi bolsillo. Me subí al primer bus que pasó y llegué en veinte minutos a casa de mi hermana. Me quité los cascos que me había puesto en el camino y toqué al telefonillo.
―Hola, pasa fea.
Sonó lo que indicaba que la puerta estaba abierta. No quería pararme a esperar al ascensor, así que subí rápidamente por las escaleras. De dos en dos.
En cuanto llegué al quinto piso, la puerta se abrió.
―Hola Sofía.―Me saludó el padre.
―Hola.―Sonreí. No quería que él se diera cuenta que algo me pasaba.
― ¿Qué tal estás?―Me preguntó mientras me dejaba pasar dentro del hogar, y cerraba la puerta a nuestro paso.
―Bastante bien, mi padre le manda saludos, señor.
―Te he dicho ya muchas veces que no me trates de usted.
Sonreí.
Sentí a alguien echándose encima de mí, me di la vuelta.
― ¡Hola!―Gritó.
Por primera vez desde que salí de aquel restaurante reí.
―Estás loca. Casi me matas del susto.―Dije.
―Si no estuviera loca, ¿Serías mi amiga?
―Hermana.
―Eso. Por cierto papi―ahora se giró hacia él― No la interrogues.―Entrecerró los ojos y le apuntó con un dedo.
―Eres una dramática.―Dije bromeando.
― ¡Solo he preguntado a tu amiga…!
―Hermana.―Esta vez fue ella la que lo dijo, interrumpiendo a su padre.
―A tu hermana… Solo le pregunté que qué tal estaba.
― ¡Bah! Venga bicho, vamos al cuarto.
―Qué caaaaaaaaaariñosa eres.
―Ya. Me deberían entregar un premio, bombón.―Me dejó pasar delante de ella y me dio una palmada en el trasero. Reímos y acto seguido pasamos a su cuarto―.Estoy segura de que algo malo ha pasado con aquel…. James. Y solo con tres minutos en mi casa ya has reído y sonreído para dar y tomar. De verdad, que sigo esperando mi premio.―Puso los brazos en sus caderas.
Esta vez la broma ya no tuvo sentido. Otra vez mis ojos se humedecieron y la abracé. Ella recibió mi abrazo con énfasis.
¿Veis? Eso es por lo que la quiero. Porque con su simple abrazo, hizo más que cualquiera.
Aunque ahora seguiríamos hablando. Porque eso no iba a ayudar a que James no me odiara de por vida por dejarle tirado.
5.
“Oh Gosh”
―No sé.
―Que sí, hazme caso. Rompe esa estúpida libreta y bésale. ¡Si sabes que sientes por él algo más! Es que eres tonta.
―Oh, hombre; gracias.
―De nada mujer, para eso estamos.
Suspiré. Quizá Bari tenía razón. A lo mejor tenía simplemente que olvidar aquella promesa infantil. Pero siempre la había seguido a raja tabla, y se había convertido en un modo de vida. La verdad, desde Kyle, nadie me había dañado y sin embargo, numerosas veces eran las que les rompían el corazón a chicas de mi edad. Aquello me había salvado de mucho.
Sonó el timbre de casa.
― ¡Es para mí!―Grité. En realidad, no sé para que he avisado, no debe de haber nadie. Mi hermano tiene hoy Rugby. Mi padre debe de estar trabajando.―Me tengo que ir bombón.
―De acuerdo. Pero haz lo que te digo, ¡Y lánzate! O… Déjale a él seguir sus instintos.
Reí sonoramente antes de colgar y, levantarme de la cama. Agarré el bolso que ya había preparado al salir de la ducha, y algo de dinero. Quién sabe.
Corrí escaleras abajo, y, a cada paso; el corazón me iba más y más rápido. No podía contar mis respiraciones, no podía pensar bien en lo que iba a decir. Me paré justo antes de abrir la puerta. ¿Qué se suponía que estaba haciendo? Sabía de sobra que me había enamorado de él. Lo correcto sería alejarme. Si no, no podría cumplir lo que había escrito años atrás. Aun así, apoyé mi mano en el picaporte, y tiré.
Allí estaba. Con la sonrisa más hermosa que había visto jamás y unas gafas de sol que le quedaban de maravilla. Deduzco que soy idiota. Porque no sé como salieron unas palabras de mi boca bastante incoherentes.
― ¿Sabes que en Inglaterra no suele haber mucho sol, aunque estemos en julio?
―Si… Pero la luz me molesta bastante.
Ahora fui yo la que sonreí. De detrás de la espalda se sacó un sobrecito y me lo entregó sin despegar aquella linda sonrisa de la cara. Yo mientras, no salía de mi asombro. Ese chico no podía ser más dulce.
Abrí con delicadeza aquel pequeño presente y encontré un diminuto papelito dentro de él. Lo saqué, y desdoblé con sumo cuidado. Leí lo que ponía.
―”Gracias”.
Solo aquella palabra. Hice un gesto con la cara al no entender.
―Te lo explico por el camino, ¿Qué te apetece comer?
―Mmmm, ¿Qué te parece italiano?
―Pasta. Me parece perfecto. ―Me tendió el brazo y caminamos unos pasos así, sin decir nada. Su mero contacto me aceleraba el pulso. Aunque no intercambiábamos palabra, el momento no era incómodo.
Sin embargo, yo seguía teniendo curiosidad.
― ¿El sobre…?
―El sobre es para agradecerte por ir conmigo. ―Fruncí el ceño―. Sí, puede parecer extraño. Pero creí que no ibas a venir. Y quería que tuvieras ese papel contigo. Para que recuerdes siempre que te estoy agradecido de por vida que hayas aceptado venir. Quizá… quizá hoy sea el principio de todo.
Las últimas palabras, las susurró mirando hacia otra parte.
―Eres increíble.
Suspiró. Ya no estaba tan sonriente. Ese brillo en la mirada, ese resplandor en la sonrisa; había desaparecido por completo.
―Ojalá lo fuera.
―Lo eres.
Le di un beso en la mejilla. Me puse de puntillas, era realmente alto.
―Vaya, hacerme el melancólico merece la pena.
Reí. Minutos después, entre charla y charla; entre que saltábamos de tema a tema, llegamos a aquel restaurante. Un apacible establecimiento con unas acogedoras sillas y mesas en el exterior. Estaba nublado, pero cada mesa tenía su respectivo toldo, así que decidimos sentarnos a comer fuera. Además no había nadie, y la idea de quedarme completamente sola con él no me disgustaba para nada.
Un camarero gordito salió del local, con dos cartas en la mano. Nos entregó una a cada uno, y nos preguntó que deseábamos para beber.
―Para mí una coca-cola light.―Dije.
―A mí no me disgustaría una copa de vino, la de la casa. Gracias.
De repente un pensamiento me golpeó en la cara. Sentí un puñetazo en el estómago.
Vino. Ahí me percaté por primera vez desde la otra noche de la diferencia de edad. Tres años. Quizá no era demasiado, pero se notaba lo suficiente. El palpó lo seria que me había puesto, en cuanto el camarero nos abandonó para entrar de nuevo en el restaurante.
― ¿Qué sucede? ¿Querías algo más?
Se movió una pizca, haciendo un ademán para llamar de nuevo al mesero.
―No, no. No pasa nada.―Mentí.
― ¿Segura?
―Sí.―Asentí. Intentando sonar convencida.
―Bien. Bueno, ¿Qué tenías pensado pedir?
Agarré por segunda vez la carta y me la puse delante de la cara, para que no viera las lágrimas que amenazaban por salir de mis ojos. Y todavía no sé por qué estaban deseosas de ver la luz. No había ocurrido nada.
Intentando olvidar mis revoltosos líos, la observé con detenimiento. Todo era extremadamente caro y sentí el impulso de decirle que nos fuésemos. En ese mismo instante caí en su atuendo. Llevaba unos pantalones de raso, no parecían vaqueros. Un polo oscuro se amoldaba perfectamente a su torso, y en los pies se enfundaba unos Lacoste. Negros, parecían recién lustrados.
Juraría que no escatimaba. No creo que fuera de familia modesta, la verdad. De todos modos, aunque podría pagarlo, me pareció excesivo.
― ¿No crees que es algo caro?
―Puede ser. Pero se come de maravilla. Créeme, es el mejor italiano de la zona.
―No lo dudo pero…
―Pero nada. Tú disfruta de la comida, que ya me encargo yo.
Sonreí de nuevo. Dios mío. Esos ojos azules estaban matándome lentamente. Y esos labios.
Recordé el beso que le había dado en la discoteca. Pero allí no había sucedido nada, porque todavía no sentía nada. En cambio, si posaba mis labios sobre los suyos ahora, acabaría confirmando mis sospechas.
Joder, que difícil me iba a ser esta vez, librarme de esto.
Creo que en parte era porque no quería dejar de mirarle. No quería dejarle. Me negaba.
Aunque yo no me había dado cuenta que iba a ser incluso más dificultoso, de lo que había imaginado.
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