viernes, 22 de junio de 2012

1.




CAPITULO PRIMERO.

― ¿Crees que le gustará? ―Me preguntó.
― ¿Estás de coña? Se quedará a cuadros cuando te vea. ―Levanté las cejas en un gesto despreocupado.
―Joder Souf, no estoy segura. Quizá le parece demasiado.
―Bárbara…
―No me llames así.―Si las miradas matasen, ya estaría muerta. Sus ojos oscuros se clavaron empedernidamente en los míos. Sentí un escalofrío.
Puse los ojos en blanco.
―De acuerdo, Bari. ―Sonreí divertida. Aprobó con la cabeza. Menudo personaje.―Le encantará ese vestido. Estás hermosa.
Y es que ella siempre lo estaba. A Chris le iba a hacer volar por los aires la manera en la que se ajustaba esa prenda al cuerpo de mi amiga. Aunque claro, dudo mucho que dure mucho tiempo puesto.
De nuevo de observó detenidamente en el espejo. La envidia era inevitable: su pelo rojizo teñido, caía con unas hondas suaves por encima de sus hombros y enmarcaban su rostro con un tono aniñado y sutil. Su cuerpo era perfecto; curvas donde hace falta tenerlas y proporcionado. Parecía pintado por un escultor, exclusivamente. Aparte de esos magníficos tacones que había optado por ponerse.
Recordé algo.
― ¿Sabes? Yo también tengo que vestirme, cielo. ―Dije vacilante. Me había olvidado por completo de mí.
―Cierto.―Arrugó la nariz.―Creo que sé lo que te puedes poner.―Se mordió el labio interesante mientras que alzaba las cejas y yo dejé escapar una inocua carcajada. Menos mal que es mi mejor amiga, si no, le hubiera soltado un comentario con respecto a sus maneras.
Pero la quería demasiado. Era todo lo que tenía. Ella era… Mi hermana. Quizá no lo éramos de nacimiento; pero sin lugar a dudas habíamos nacido para serlo.
Tomó mi mano y me condujo hacia su habitación.
―Cierra los ojos.
―Bari, no seas ridícula. No tenemos tiempo. ¡Saca ya en lo que quieres que me enfunde!
―Encima que te ayudo. ―Negó con la cabeza.―Eres un caso.
Me expresé mostrándole “delicadamente” el dedo corazón. Sacó la lengua.
―Bah, haz lo que quieras.
Se dio la vuelta y abrió su inmenso armario. Comenzó a bailar mientras que buscaba lo que quería. Yo continuaba riéndome. Desde luego…
― ¡Eureka!
―Te ha costado.
―Cállate, querida. Y entra al servicio a vestirte con esto. Y no, no hace falta que me saques fotos. Sé que soy la mejor amiga del mundo. Vas a estar… Sexy.
―Debes de estar tomándome el pelo. Voy a parecer una fresca con eso.
Chasqueó la lengua.
―Tonterías. Apresura, que llegamos tarde.
― ¡Qué cara más dura! ―Exclamé al mismo tiempo que Bari me conducía –empujaba, mejor dicho- Hacia donde quería. Cerró la puerta sin divagaciones. Me quedé mirando el marco de estas segundos, y como si supiera lo que hacía…
― ¡No te quedes ahí empanada, y date más prisa, estúpida!
― Yo también te quiero… ―Susurré.
Me empecé a desvestir y poco a poco introduje mis piernas en esa minifalda que la boba esta había elegido para mí, con un top gris que no tenía una manga. Que corte más raro.
― ¿Y qué zapatos me pongo? ―Dije, justo cuando salí de allí.
―Estás… Hecho un bombón. Te lo juro, me cambiaría de acera solo por ti, pequeña.
―Observó sin hacer caso a mi pregunta.
―Exagerada.
― ¡Hablo en serio! ¡Mira ese culo!
― ¡Tonta!
―Pero me quieres.
―Eso no quita el retraso que llevas encima.
Entornó los ojos y sin replicar –cosa que creí haría- abrió de nuevo las puertas de aquel inmueble y sacó unos zapatos con cuña muy bonitos.
― ¿Qué número usas? –Preguntó indiferente.
― Me ofendes. Si tú no lo sabes… ―Vi de lejos la regañina―Un treinta y nueve.
Estiró las comisuras de sus labios.
―Tenemos el mismo número. Póntelos.
Procedí a hacer lo que me dijo, y me di cuenta –de nuevo- del gusto que tenía.
―Perfecto. ―Dijimos a la vez.
Me abalancé sobre ella a abrazarla.
―Nos lo vamos a pasar bomba.
― ¡Y a emborracharse! ―Gritó, moviendo el trasero.
― No te pases. Pero… ¡Bueno, quizá un poco!
Reímos.