
"Dos oportunas apariciones"
―No creo que sea buena idea.―Dije, escudriñando con la mirada a mi amiga, medio a gritos. La música no nos dejaba oír con claridad.
―No me seas cagada, querida.
¡Me estaba poniendo de los nervios! Ella lo que quería era liarse con Chris y; apartarme del medio como consecuencia. ¿Y qué mejor manera que lanzándome hacia las zarpas de aquel chico alocado -aunque guapo- rubio del fondo?
―Bah, tonterías. Yo no me muevo de aquí.―Dije al fin.
El ambiente de la fiesta era animado. Aunque la gente se empezaba a descontrolar y yo me veía envuelta en aquel bullicio. Bari, a un lado con su apuesto novio, me había ignorado todo el tiempo que llevábamos allí. Aunque no la culpo, Chris era hermoso. Rizos cobre, ojos claros –todavía me quedaba averiguar si verdes o azules- y, aunque no era de gran estatura, tenía un porte elegante. Se veía desde la otra punta del país el amor que le tenía. Juntos se complementaban, formando la pareja perfecta. Pero a veces se mostraban tan cariñosos, que era cansino.
―Sois melosos. Me voy a pedir algo a la barra.
Sonrió. Encima se alegraba de librarse de mí. Guarra.
Entorné los ojos a causa del humo y me dispuse a ir a lo que prefería llamar bar. Teniendo en cuenta la de personas que se movían, bailando alocadamente; no me costó tanto llegar al otro extremo como supuse en un principio. Me senté en uno de los taburetes e hice un gesto al chico de las bebidas para que se acercara. Tenía cara de ángel. Castaño, con ojos miel, e incluso se podía distinguir un toque amarillento centelleante. Muy alto; extremadamente atractivo.
Formó una media sonrisa con las comisuras de sus labios y un hoyuelo se le formó a un lado de la cara. Sin lugar a dudas, era guapo. Sexy.
― ¿En qué puedo ayudarte, nena?
Ahora la que sonrió fui yo.
― ¿Puedes mezclar Red Bull con licor?
―Poder, puedo. Pero preciosura, tienes que ser mayor de edad.
―Si no lo fuera, ¿Estaría en esta discoteca? –Mentí. Tengo dieciséis años. Recién cumplidos. Me había colado Bárbara, que tiene diecisiete. Y, bueno, su novio ya tiene los dieciocho cumplidos; así que… Somos unas acopladas. Que más da.
Esto no se lo dije al ángel. Asintió divertido y se dispuso a servirme lo que le había pedido. Sus movimientos eran tanto ágiles como rápidos. Un, dos, tres cubitos de hielo. Y el primer líquido. Después el segundo.
Me lo entregó y ahora si que dejó ver una sonrisa entera. Un escalofrío recorrió mi cuerpo. Ese chico tenía algo.
―Gra…cias. ―Logré decir. Menuda idiota.
― Y, ahora que lo tienes en tus manos… ―Hizo una pausa. Creo que le gustaba hacerse el interesante― Y que, no te lo puedo quitar… ―Entrecortaba sus palabras. De acuerdo, ese chico me gusta mucho. Quizá demasiado.―Dime, cuantos años tienes realmente.
Me empecé a perder en sus ojos caramelo. Y casi se me olvidó que tenía que contestar.
―Dieciséis. ―Respondí. Casi sin aire. No estaba acostumbrada a tratar con bombones. Después de todo, no tengo nada que ofrecerles. No soy muy… Digamos que no soy ese tipo de chica a la que te tuerces a mirar por la calle. O, a la que quieres invitar al cine. Ni si quiera soy ese típico ligue de verano.
―Bien…. Yo tengo diecisiete.
― ¿Diecisiete? ―Exclamé atónita.
― En efecto. Mi… Tío es el dueño de esto.
― ¡No jodas! ¿En serio?
―Sí. ―Hizo un mohín. ―Solo estoy ayudando aquí porque me ganó una apuesta el otro día.
Me sorprendí a mí misma sonriendo de nuevo. Que estupidez, parezco una princesita. Que asco.
Iba a darme la vuelta para sentarme en uno de los sillones, en frente de la pista de baile cuando su voz me sorprendió de nuevo.
― ¿Sería raro si te pido el número de teléfono?
Reí para mis adentros. Adorable.
―Te lo doy encantada. ―Dije, al girarme nuevamente hacia él.
Escribí los nueve dígitos en su brazo, con un bolígrafo que él mismo me había prestado. Después alcé la mirada y, ahí estaban, sus ojos de nuevo.
―Ya hablaremos.―Pude decir al fin. Si no, me hubiera quedado allí parada.
―Si…―Hizo una pausa mirando a otro lado de la sala.―Si es que ese chico me deja algo a mí.
― ¿Qué chi…?―Volteé para mirarle y el chico rubio al que antes mi amiga me había casi enchufado estaba observándome. ―Bah, ―me dirigí otra vez al chico de las bebidas―. Que más da. Por cierto, no me has dicho tú nombre.
―Tú tampoco el tuyo. Estamos empatados.
Y se mordió el labio inferior. Juro que si volvía a hacer eso me abalanzaba sobre él.
―Sofía. Pero me puedes llamar Souf. ―Rió―. ¿Qué?
―Es bonito.
“No tanto como tú”-Pensé.
―Gracias. Pero tú todavía no me has confesado el tuyo.
―Me llamo Jake.
―Es bonito.
―No tanto como tú.―Dijo.
Ladrón de mierda. Ese era mi pensamiento.
Pero mi boca solo respondió con otra sonrisa ridícula.
―Bueno… Hasta luego. Mi turno ha terminado, y debo irme a casa.
―Nos veremos.
―No lo dudes. Te llamaré un día de estos… Souf.
Asentí. Quería volver a hablar con él. Esperaba que esa llamada llegara pronto. Ahora sí me dispuse a ir a donde estaba…
“Olvídalo” Me dije a mí misma. Se estaban dando el lote en un sillón cerca del bar.
La verdad es que aquel rubio de la esquina no estaba mal. ¿Por qué no divertirse un rato? Me acerqué a él, que, sorprendentemente, también estaba solo. Aunque jugando a algo con su teléfono. Que original.
― Creí que a las discotecas se venía a bailar.
― Yo también lo creía. Hasta que mi amigo decidió ignorarme junto a su preciosa novia―Respondió indiferente, sin levantar la mirada de su BlackBerry.
―Entonces ya somos dos.
Ahora sí que me miró. Creo que la ciencia divina ha jurado quererme por el resto de mis días. Dos hermosos chicos en menos de media hora. Y este era aún más guapo que el anterior. Tenía raíces oscuras, así que deduje que su pelo natural no era ese rubio que prácticamente poblaba su cabeza. Y esos ojos. Dios mío, no creo que pudieran ser más azules. Él no era alto, para nada. Pero lo suficiente para llevarme un par de centímetros. Y entonces ya me quedé descolocada cuando sonrió.
―Soy un auténtico maleducado, ¿Verdad? Ni me presento, ni dejo este cacharro a un lado―Dijo, haciendo referencia a su móvil―. Me llamo James.
― ¿Es esa tu forma de ligar con chicas?
― Solo con las guapas.
Y entonces advertí como James era mucho más educado que Jake. No era por las maneras solo… Si no que a este primero se le nota la riqueza y la familia pija a mil leguas. El típico que me repele.
―Gracias. Tú eres un estupendo mentiroso, no tengo nada de guapa.
―Lo que estás es ciega.
―Cabezota.
―Lo soy.
Y estallamos en una linda carcajada. Y el corazón me dio un vuelco.
Mierda.
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